agosto 14 del 2020
EL VERDADERO CLAMOR
“Proclamad ayuno, convocad a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová”.
PASAJE COMPLEMENTARIO
Cuando disponemos nuestro corazón para hablar con Dios, conocemos que el verdadero sentido de la oración es cuando clamamos e intercedemos por la familia, los hijos, la nación y por nuestras propias vidas. La oración nos libera del egoísmo, nos vuelve sensibles a la necesidad de los demás, y, sobre todo, hace que brote de nuestro interior una fe inquebrantable.
La mejor forma de enfrentar cualquier situación difícil es a través del clamor a Jehová, buscando hacerlo en su propia casa, en sus atrios celestiales, a los cuales tenemos acceso a través de la oración. Clamar es pedir para ser atendido ante un momento de impotencia y desamparo. Debemos hacer claridad en cuanto al verdadero clamor: no se trata de presentarnos delante de Jehová para desahogarnos y descansar, tampoco para llorar, quejarnos, lamentarnos y terminar arrodillados ante el problema
El verdadero clamor hace ver que la única y mejor respuesta está en las manos de Dios y que estamos dispuestos a sujetarnos a esa respuesta, sabiendo que su voluntad es buena, agradable y perfecta para sus hijos, dando siempre lo excelente a cada uno.
El verdadero clamor nos hace tomar decisiones de cambiar de actitud y convertirnos a una forma de vida espiritual. ¿Es ese el sentido nuestro clamor a Dios? ¿Clamamos a Dios o clamamos a los problemas? ¿Permitamos que nuestros asuntos imposibles los tome Dios? Hagámoslo, y probaremos cuán grande es el amor de Papá Dios, manifestado en el mismo momento en que le dejamos actuar en nuestras vidas.
El ayuno y la oración son herramientas muy útiles que nos permiten ser revestidos del poder y la fuerza del Señor y nos capacitan para dar evidencia de la nueva vida en Cristo.
HABLEMOS CON DIOS
“Amado Padre, gracias por permitirnos estar en Tu presencia, clamándote a Ti, para revestirnos de poder y fuerza, ya no queremos debilitarnos ante los problemas, preferimos humillarnos y postrarnos ante ti, esperando Tu respuesta, sabemos que quedamos en Tus manos y que estamos dispuestos a sujetarnos a Tu voluntad que es buena, agradable y perfecta. ¿Quién más podría salvarnos y sacarnos victorioso sino Tú? Espíritu Santo, toma hoy nuestras áreas para que Cristo se manifieste en nuestras vidas.” Amén.
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