Lenguaje

APRENDIENDO A HABLAR CON DIOS

 diciembre 7del 2020 


APRENDIENDO A HABLAR CON DIOS

“Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor; Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” (Salmo 5:1)



PASAJE COMPLEMENTARIO: Josué 24:15; Salmo 138; Daniel 10:10-12


Debemos comprender que, como hijos de Dios, el más grande privilegio que podemos tener es encontrarnos personalmente con nuestro Padre Celestial cada día.


La oración es el factor decisivo para una vida cristiana abundante y feliz. No se trata solamente de orar sino de hacerlo con ansia, anhelo, expectación, como un niño que va al encuentro de su amoroso Padre.


A través de la oración muchos hombres y mujeres somos atraídos a Cristo, somos fortalecidos en momentos de debilidad o dificultad, muchas tragedias son evitadas, y se dan soluciones a problemas difíciles, gobiernos pueden cambiar y sobre todo, las fuerzas del mal son derrotadas.


Es muy interesante conocer lo que la oración significaba para grandes hombres que experimentaron el poder de Dios en sus vidas y fueron totalmente prosperados. Un ejemplo de búsqueda constante y genuina de Dios es el rey David. Cada día, expresaba su sentir y su clamor, esperando respuesta a su oración. Para Él, como para los grandes hombres de fe de la Biblia, buscar a Dios cada mañana, no se constituía en una obligación moral, ni en un amuleto, tampoco en una tradición, era la actividad normal de todo hijo que sabe que lo más importante, en su diario vivir, es ponerse de acuerdo con su Padre desde el primer momento del día. Muy temprano se levantaban para oír la voz de Dios. Este devocional personal, representaba el maná del cielo, el sustento de sus vidas, el río de agua viva que no puede dejar de fluir.


¿Queremos convertirnos en unas personas victoriosas? La invitación es a que aceptemos el reto de ser sacerdotes de nuestras familias. Cultivemos con nuestras esposas y con nuestros hijos, este tiempo diario en célula celestial. Serán los momentos más provechosos de nuestras vidas y los que le darán, los mejores dividendos.


HABLEMOS CON DIOS:


“Señor gracias por el privilegio de nuevamente poder estar en Tu presencia, de poder conversar contigo. Ayúdanos a ser personas de fe. Que buscarte cada día se convierta en nuestra más grande prioridad. Que Tu Santo Espíritu nos capacite para transmitir nuestra fe a nuestras familias y que cada día, podamos orar trayendo bendición a sus vidas. Dios mío, ¡Queremos alabarte de todo corazón! ¡Queremos cantarte himnos, Queremos ponernos de rodillas y orar mirando hacia tu templo; ¡Queremos alabarte por tu constante amor! Por sobre todas las cosas, has mostrado tu grandeza, has hecho honor a tu palabra. Te llamamos y nos respondiste; nos diste nuevas fuerzas. Dios mío, ¡grande es tu poder! Tú estás en el cielo, pero nos cuidas; Tú nos das nuevas fuerzas. Tú cumplirás en nosotros todo lo que has pensado hacer. ¡No nos abandones! Amén.”


Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.