Enero 4 del 2021
LA ORACIÓN: MANANTIAL DE VIDA
“Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová” (Salmo 27:8)
PASAJE COMPLEMENTARIO: Salmo 27:1-6; Salmo 28:6-9
El hombre ha sido diseñado para desear y disfrutar de la comunión con Dios. Recordemos que, a partir de la caída del hombre, el pecado de nuestros padres Adán y Eva dejó un vacío en cada ser, que no puede ser llenado con ninguna cosa aparte de una auténtica relación íntima con Dios, su Hacedor y Padre. No importa lo que el hombre haga o consiga, nada puede sustituir esa comunión que satisface la esencia misma del hombre, dando propósito a su vida y alimentando la médula de su alma. Es la oración, la que nos permite tener y mantener nuestra vida en comunión con nuestro amado Papá.
La oración es un manantial de vida; es a través de ella, que el ser humano obtiene todo lo que necesita para ser feliz y estar completo. Todo lo que es imposible aquí en la tierra, se alcanza por medio de la oración. De ahí que podamos comprender las palabras del rey David cuando dice: “Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de Él es mi esperanza” (Salmo 62:5).
Si deseamos que en nuestras vidas y en nuestros hogares se viva y se sienta el amor, que nuestros problemas sean solucionados, que las enfermedades salgan de nuestro cuerpo, que la paz de Dios gobierne nuestros corazones, practiquemos lo siguiente:
• La unidad con Dios: Disfrutar de la compañía de su Espíritu.
• Comunión con Dios: Estar en armonía con su perfecta voluntad.
• Vida de oración: Diálogo directo y profundo, sincero y abierto, permanente y continuo.
Por medio de la oración, creamos firmemente que Dios está realmente con nosotros y nuestras familias. Él es la única respuesta a todas nuestras necesidades.
Dispongámonos cada día a buscar el rostro del Señor y veremos las cosas hermosas en nuestras vidas y la de nuestras familias.
HABLEMOS CON DIOS
“Amado Señor gracias por permitirnos abrir los ojos y estar en Tu presencia, gracias por tanto amor de tu parte, del cual no somos dignos, pero que nos has dado tan generosamente. Es ese amor, grande e incomparable, el que nos ha permitido ser tus hijos, haciéndonos merecedores de ti. Te entregamos nuestras familias. Sabes cuánto te necesitamos. Bendito seas Jehovah, que oyó la voz de nuestros ruegos. Jehovah es nuestra fuerza y nuestro escudo; Dios mío, sólo una cosa te pedimos, sólo una cosa deseamos: déjanos vivir en tu templo todos los días de nuestras vidas, para contemplar tu hermosura y buscarte en oración”. Amén.
Reenvíelo a quienes usted cree que necesita este mensaje, se lo agradecerá.
