*DICIEMBRE 30 2021*
_"Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos."_
Mateo 2:16
El mundo cristiano recuerda a los niños de Belén que Herodes ordenó asesinar. Este es el lado oscuro de la Navidad, el que nunca se ve en las tarjetas, en las celebraciones, en los cantos, en los pesebres y que muy raramente es mencionado en nuestros festejos. Aunque quizás debería serlo, porque lo que sucedió con esos niños apunta a algo que ha sido parte de la vida de Jesús en la tierra desde el principio, algo que nosotros también experimentamos: el poder del pecado, la muerte y el diablo.
La Navidad debería ser un tiempo de alegría, de gozo, de regocijo, de integración; pero todos sabemos que para muchos también es un tiempo de dolor. Esos padres de Belén nunca olvidaron la muerte atroz e injusta de sus niños.
Cada vez que llegaba esa época del año, volvían a recordarlo. Nosotros también recordamos: la primera Navidad sin nuestros padres, nuestros hijos, o la pérdida de un ser querido que ya no está, la enfermedad de alguien cercano que sufre. Cuando nos reunimos con la familia, nos damos cuenta de cuántos ya no están más con nosotros. Y cada vez que recordamos, nos duele.
_"Así ha dicho Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser consolada acerca de sus hijos, porque perecieron."_
Jeremías 31:15
El profeta Jeremías ya lo había profetizado cientos de años antes. El llanto, el dolor, el sufrimiento que se vivió en aquél momento. Ni los niños de Belén, ni Jesús, ni sus familias, escaparon al sufrimiento. Pero Jesús lo redimió tanto para ellos como para nosotros.
Jesús tomó su propia experiencia de traición, sufrimiento y muerte y la transformó en el mayor triunfo que el mundo jamás ha conocido. Con su sufrimiento nos liberó del poder del pecado, y con su resurrección rompió el poder de la muerte para todo aquél que en él cree.
La injusticia se pasea permanentemente por el mundo, miles de inocentes mueren constantemente. Pero nosotros como cristianos tenemos a un gran consolador. La esperanza de protección y seguridad personificada en nuestro Señor Jesús.
Ahora hay esperanza para nosotros y para nuestros seres queridos.
Ahora sabemos que la muerte no es el punto final, y que el amor de Dios ha triunfado sobre lo peor que nuestro enemigo el diablo puede hacer.
Todavía sufrimos, todavía lloramos; pero sabemos que, porque pertenecemos a Jesús, vamos a compartir su victoria.
Jesús, y no la muerte, va a tener la última palabra.
*ORACIÓN*
Bendito Dios y Padre, nuestros sufrimientos, penas y pesares tu la soportastes sobre tu amado Hijo, gracias por redimirnos y por darnos el consuelo en los momentos de angustia. En el nombre de Jesús. Amén.
*PROMESA*
_"Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar."_
Habacuc 3:17-19